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Tuesday, October 14, 2008

¿Y tú fumas?

Anoche después de una relativamente intensa sesión de ciclismo indoors (relativamente porque la clase es bastante intensa, pero mi rendimiento es bastante limitado), tras achacar mi incapacidad a los tres ó cuatro cigarros que me fumo semanalmente, recordaba cómo adopté este odiado hábito.

Me reía sola y casi a carcajadas... y todavía me cuesta admitirlo, pero para mí fumar fue un tipo de rebeldía tardía. Mi primer cigarro fue a los 22 años (hecho que combinado con cierta predisposición genética explica por qué nunca me he enganchado). Esto fue en las prácticas en el Hospital Psiquiátrico de Santo Domingo... momentos de estrés, de confusión, pero sobretodo de conflictos familiares. Lo hacía con poca frecuencia y siempre con la misma persona que me dio mi primer cigarro, mi amiga Eugenia, que parece chimenea, se fumaba el primer pitillo a las 7 de la mañana, junto al café, antes de entrar al baño incluso.

Al terminar las prácticas y la carrera descontinué el hábito, que también era odiado por mi atlético novio de aquellos tiempos. Pero algo pasó en mi primer viaje a Madrid (2005), no se si por ansiedad, exceso de libertad, agobio, lo retomé. A todo esto, con 25 años nunca había comprado una cajetilla. Para fumar sola en casa tomaba los de mi madre (fumadora casual también).

Al regresar ese verano de Madrid se me escapó en alguna conversación que fumaba para calmar los sudores de las manos... la que se armó, en plena barbacoa en mi casa un show, y nisiquiera con mi madre, el ofendido fue mi ex.

Un par de meses después me embarcaba en un viaje más largo a la misma ciudad, del que regresaría siendo otra persona. Solo que la rebeldía continuaba, porque ahora me dio por fumar delante de la madre para demostrarle que ya no podía decirme qué hacer. La doña terminó cediendo.

Y a lo que iba, lo que me produjo las risas ayer fue recordar que precisamente en ese primer regreso-visita mis amigas también habían empezado a fumar, y entiendase que todas tendríamos entre 26 y 28 años... y no podríamos ser más falsas, fumando mentolado. Me preguntaba, esto no es una cuestión de imagen, porque en realidad solo fumabamos cuando estabamos juntas y con el trago social, o yo en todo caso, con mi madre en la terraza, acompañadas de musiquita y una copita.

Algo es constante, el cigarro me sigue sentando fatal, da más resaca que el Brugal malo, aunque es un buen digestivo, y detesto el olor y el sabor. ¿Será que es igual que en los 50, cuando las mujeres comenzaron a fumar tras una campaña que les dejaba entender a ellas y al mundo que el cigarro les daba cierto poder? (ver documental "The Century of the Self").

Yo lo seguiré llamando rebeldía tardía... a algunos simplemente nos cuesta madurar.